jueves, 22 de mayo de 2014

Y las hojas caen

                 
          

             
             Como todos los otoños , llueve, pierden su vestido los árboles del jardín. Nada debería sorprendernos, sin embargo allí estamos mirando por la ventana el inevitable danzar de las hojas, las lluvias y los cielos grises.

             Posiblemente éste haya sido uno de los veranos más calurosos que recuerdo y creo no menos intenso será el invierno. Pero la realidad es ésa. Cuesta aceptarla.         
             Escuchamos a diario a los inconformistas crónicos. Si llueve , que pare. Si hay sequía , que llueva. Hace calor, que refresque, si el frío arrecia, que deje de soplar el sur.
             El otoño es así. Horizontes pintados de ocres y amarillos. Los caminos cubiertos de hojas. Las calles con hojas escapadas que arrastra un viento a veces implacable. Es un espectáculo con movimiento permanente. 
              Por la mañana observaba el fresno , mirando hacia el oeste. Está desnudo de hojas...pero bajo la lluvia, quietas, como dormidas, tres palomas monteras en las ramas más altas. A lo lejos el paraíso dejando en libertad a la que fuera su brillante hojarasca verde que nos brindó sombra en el ardiente estío. Sí, amorosamente se despojaba de las ramitas pequeñas que balanceándose llegaban al suelo, otras atrapadas en los vidrios de la ventana. Y así en la observación de estas pequeñas cosas pasaron algunos minutos.
             El arco iris, cuando el sol asomó antes de ocultarse. Nos sorprendió con esos colores inigualables ni por paleta de los pintores, y también en movimiento, fijo desde el río, perdiéndose en un arco más tenue en el sudoeste...ahhhh, qué júbilo mirarlo cuando aparece y cuando se borra en pocos minutos después de recordarnos que Dios no se ha olvidado de los hombres.
                                                                                                              
                                                                                    Silvia

1 comentario: